La pandemia del Covid-19 ha ocasionado no solo la pérdida de vidas sino también ha ocasionado el desempleo de la alicaída oferta laboral propia de nuestro país.
A diario vemos a vendedores ambulantes subiendo al transporte público ofreciendo sus productos a cambio de unas monedas, otros que también han perdido su empleo generan emprendimientos para obtener recursos que le permitan subsistir en este difícil momento que afecta no solo al Perú sino al mundo.
Por eso, en esta crítica situación hacemos un alto y en el marco del uno de mayo rindo mi sincero homenaje al emprendedor que genera su propio empleo y al trabajador que tiene la suerte de levantarse para trabajar en casa o ir a su centro de labores, aún con el riesgo de sufrir un contagio.
Abrigo la esperanza que el siguiente gobierno implemente políticas laborales que disminuyan la informalidad y genere empleo productivo y se deje de lado el clientelaje que tanto daño nos hace y no tiene cuando acabar.
Hoy más que una celebración es la conmemoración de que en noviembre de 1884 en el IV Congreso de la American Federation of Labor se estableció que a partir del 1º de Mayo de 1886 se obligaría a los patrones a respetar la jornada de trabajo de 8 horas.
De no alcanzarse el propósito se comenzaría una gran huelga. La institucionalización no se produjo entonces, pero una ejemplar coordinación de los trabajadores paralizó el país con más de cinco mil huelgas.
En mayo una bomba estalló provocando la muerte de varios policías, nunca se supo quién detonó el artefacto, pero inmediatamente se procedió a culpabilizar a cuatro líderes anarquistas, los que fueron juzgados y ejecutados sumariamente, convirtiéndose en los "Mártires de Chicago".
A partir de ese momento el 1º de Mayo quedó instituido como Día Internacional del Trabajador. Ojalá que en futuro cercano podamos decir con alegría Feliz día del trabajador.